Velocidad y Riesgo

No, no se trata de la última campaña de la Dirección General de Tráfico.

speed-of-trust.jpegLa velocidad es un valor en alza en todos los sentidos.

Así hablamos de Speed Reading, Fast Writing, Fast Innovation, Agile Software Development e incluso Stephen Covey se une a la saga con The Speed of Trust.

En el ámbito de los negocios, gurús como John Hagel venden la velocidad como la necesaria capacidad de adaptación de una organización a un entorno en continuo cambio. Ya no nos vale con lograr altas cifras de negocio. Tenemos que tener tasas de crecimiento anuales iguales o superiores a las de la competencia. 

Tampoco nos vale con tener altos niveles de calidad, ahora debemos disponer de sistemas de gestión de calidad que nos proporcionen incrementos continuos de calidad: la mejora continua.

No sirve de nada tener el mejor producto “ahora”, debemos innovar más deprisa que los competidores si queremos mantener nuestra ventaja en ventas.

El rápido supera al lento, y alguno de los millones de aspirantes a futuros Google podría convertirse, gracias a la inyección inmediata de miles de millones de US$ de Capital Riesgo, en auténticos gigantes en un abrir y cerrar de ojos.

Siempre deprisa, estresados, viviendo el presente en función de la incertidumbre de lo que pasará en el futuro. Los ciclos de vida de los productos se acortan, los clientes son cada vez menos fieles, necesitamos mayores inversiones en innovación, los efectos de las campañas de marketing son más cortos, los planes estratégicos tienen cada año un mayor alcance, los objetivos anuales son cada vez más ambiciosos y numerosos, los mercados financieros se vuelven en algún momento inestables y volubles, y los proyectos de inversiones corporativas  son más globales y complejos.

Y toda esta velocidad añade un elemento más en la ecuación. Si las inversiones deben ser rentables en menores plazos de tiempo, todo ello dentro de mercados globales más competitivos e inestables, el resultado es que se incrementa el riesgo.

Para cualquiera que haya estudiado algún curso básico de análisis financiero entenderá que acortar los plazos en los que una inversión debe ser rentable, y además hacerlo en un entorno más incierto y cambiante supone incrementar la prima de riesgo.

La prima de riesgo se podría definir como: “el exceso de rentabilidad que se exige por invertir en un activo con riesgo frente a invertir en un activo sin riesgo“. O sea, que si vamos a poner el dinero en un proyecto y tenemos ciertas dudas de lo que va a ocurrir, trataremos de ganar más con dicha inversión.

Así, en la cabeza de los accionistas, el incremento de las posibilidades de fracaso se compensa con el nivel esperado de beneficio. Llevado al extremo se llega al absurdo de la burbuja de las “.com”: entierre su dinero en este proyecto del que no tengo ni idea de cómo generará beneficios, pero que si tiene éxito le dará 100 veces más de la cantidad que ha puesto. (Es como comprar un décimo de la lotería de Navidad, sólo que además no se conoce ni siquiera si hay realmente premio).

Y la pregunta es: ¿cómo se consigue hacer rentable a un proyecto en menos tiempo y al que se le exige una rentabilidad mayor? … la respuesta suele ser doble: incrementar los precios de los productos o servicios todo lo que te permita el mercado, y mantener o disminuir tus costes al máximo. (¿Os suena conocido?)

Y con esta idea tan simple uno comienza a sentir que los beneficiados de este sistema debieran ser necesariamente el sistema financiero que gestiona y proporciona el acceso a las fuentes de financiación y los accionistas de las grandes compañías.

Por el contrario, uno como consumidor y empleado, se siente doblemente perjudicado por este sistema perverso de redistribución que le obliga a dar siempre más por lo mismo. Y llegados a este punto uno debe reconocer su culpa, (y es que de mi salario consumo una proporción mucho mayor de la que invierto… hipotecas y demás, ¡qué os voy a contar!).

Y buscando un aliado con credibilidad contrastada he recordado la entrada de Jose María O’kean:”Construyendo la Sociedad Global: la contradicción democrática

[…]El mercado es el mejor sistema de asignación de recursos, el más eficiente, el que proporciona más bienestar, pero tiene fallos y deben ser corregidos. Así hemos vivido en el mundo occidental, desde la Segunda Guerra Mundial, con más o menos éxito. Y este modelo, de estados democráticos preocupados por el bienestar social parecía, que era el “fin de la historia”, en frase de Fukuyama.

La economía global ha supuesto un revolcón a toda esta agradable carpa de circo. La economía global es capitalista. El mercado juega asignando recursos financieros y humanos, distribuyendo bienes y servicios, según las reglas del interés individual […].”

Y entonces uno se acuerda de la dichosa velocidad, del estrés, de la competencia, de la formación continua, de esa utopía que llaman conciliación de vida laboral y familiar  y que últimamente pasa por hacer la compra por Internet y poner guarderías en las empresas.

Y uno se pregunta si existe una visión colectiva, una hoja de ruta o al menos una brújula, que nos permita si no a todos, sí a aquellos que tienen la capacidad de tomar decisiones, entender, conocer y asumir a dónde se dirige este tren y cuáles son sus estaciones.

robert_louis_stevenson.jpegY uno se acuerda de una cita de Robert Louis Stevenson que ha leído recientemente:

Tanta prisa tenemos por hacer, escribir y dejar oír nuestra voz en el silencio de la eternidad, que olvidamos lo único realmente importante: vivir“.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s