Extraordinariamente Humanos: santos, científicos y escritores

Hace dos días, el profesor Rafael Pampillón publicaba en el Blog de Economía del Instituto de Empresa una brillante entrada con el título: En qué consiste la sabiduría

Al hilo de un comentario sobre Rosa Regás (que no viene al caso), el profesor Pampillón cuenta una anécdota sobre Marcelino Menéndez Pelayo, que no conocía, y desde ella reflexiona sobre el conocimiento y la sabiduría. Transcribo íntegramente el final de esta entrada:

“[…]Menéndez y Pelayo (1856-1912) fue un ilustre pensador y escritor y director de la Biblioteca Nacional de España durante 14 años. Siendo Don Marcelino Menéndez Pelayo director de la Biblioteca Nacional se le presentó en cierta ocasión un señor que deseaba conocer ciertos detalles de la Biblioteca. Detalles que el ilustre sabio no pudo suministrarle. El individuo aquel, un poco impertinente, se atrevió a decirle:

– Pues debería saberlo. El Estado le paga para que lo sepa.
– Disculpe usted –dijo, afable, Don Marcelino-. El Estado me paga por lo que sé. Si me pagase por lo que no sé, no le bastaría para pagarme ni todo el patrimonio nacional.

A propósito de este tema me parece interesante señalar que en ocasiones, los lectores de este blog de economía, preguntáis en vuestros comentarios por algunos temas que desconocemos. La mayoría de las veces buscamos información y contestamos. Otras veces no nos es posible. No es ningún secreto: no sabemos de todo. A veces sabes y otras veces no. En clase pasa tres cuartos de lo mismo: a veces los alumnos preguntan temas o asuntos que desconocemos. Si el tema en cuestión está relacionado con la materia de explicación y discusión en el aula solemos contestar: me entero y mañana te digo. A D. Marcelino, uno de los hombres más sabios de su tiempo, pensaba que ignoraba infinitamente más de lo que sabía. Sócrates, en su humildad, llego a pensar que no sabía nada. Quizás en eso radique la sabiduría: en saber que hay muchas cosas, la mayoría, que no se saben.”

A mediados del 2006, la publicación de una serie de cartas personales de Albert Einstein, puso de relieve de nuevo las luces y sombras de uno de los científicos más brillantes del siglo XX. Sus infidelidades matrimoniales, la difícil relación con su primera esposa y las complicadas relaciones afectivas de un padre con sus hijos, muestran los aspectos más humanos de este genio de la física moderna.

20070903_107.jpegEstos días, la Madre Teresa de Calcuta ha aparecido en los medios de comunicación al publicarse una serie de cartas personales, en las que se mostraban abiertamente sus crisis de fé, a las que tuvo que enfrentarse desde el primer momento en que comenzó a cuidar de los más necesitados en las calles de Calcuta, y que ya no le abandonaron hasta el final de sus días.

Los contenidos de estas cartas, correspondencia personal con sus directores o consejeros espirituales, (una figura mucho más antigua pero similar en cierto modo a la de un coach),  serán próximamente recogidos en un nuevo libro… (de nuevo aparece la maquinaria del marketing):

Jesús siente un especial amor por ti”  “[…] para mí, el silencio y el vacío es tan grande, que miro y no veo, — Escucho y no oigo — la lengua se mueve [en la oración] pero no habla … Quiero que reces por mí— que Le permita tener mano libre.”

La sonrisa,” escribe, es “una máscara” o “una capa que lo cubre todo.” 

Señor, mi Dios, quién soy yo para que debieras abandonarme? El niño de tu Amor — y ahora me he convertido como la más odiada — la única — que has despreciado como no querida — no amada. Yo llamo, me mantengo a tu lado, yo quiero — y no hay Nadie a quien responder — Nadie al que acercarme — no, Nadie. — Sola … Dónde está mi Fé — incluso en lo más profundo de mi interior no hay nada, más que vacío y oscuridad — Mi Dios— qué doloroso es este dolor desconocido — no tengo Fé— No me atrevo a pronunciar las palabras y pensamientos que abundan en mi corazón — y me hacen sufrir una agonía no contada.

Tantas preguntas sin respuesta viven dentro de mí y tengo miedo de mostrarlas — por la blasfemia — Si existe Dios — por favor perdóname — Cuando trato de elevar mis pensamientos al Cielo— hay tanto vacío culpable que esos mismos pensamientos retornan como afilados cuchillos y me hieren en mi alma. — Me dicen que Dios me ama — y todavía la realidad de oscuridad, frío y vacío es tan grande que nada toca mi alma. ¿Me equivoqué al rendirme ciegamente a la Llamada del Sagrado Corazón?

Estas cartas muestran la cara más escondida de Agnes Gonxha Bojaxhiu, que ha sorprendido incluso a sus colaboras más cercanas, y que completan la visión de la Madre Teresa con una mayor profundidad y realismo, que la de ese personaje edulcarado que conocíamos y que parecía salido de la novela “La Ciudad de la Alegría” de Dominique Lapierre.

Las cartas de la Madre Teresa me han hecho sentir una enorme ternura y una sensación de gratitud, ya casi desconocidas… y me han obligado a recordar la lectura de “San Manuel Bueno, Mártir” de Miguel de Unamuno, en el verano justo antes de iniciar la universidad:

“¿Qué es eso de creer? Por lo menos viven. Y ahora creen en san Manuel Bueno, mártir, que sin esperar inmortalidad les mantuvo en la esperanza en ella.

Parece que el ilustrísimo señor obispo, el que ha promovido el proceso de beatificación de nuestro santo de Valverde de Lucerna, se propone escribir su vida, una especie de manual del perfecto párroco, y recoge para ello toda clase de noticias.”

 … y he vuelto a recordar los ojos azules mirando perdidos a través de la ventana, de una mujer inteligente y hermosa, de grandes silencios y palabras claras, de sonrisa profunda, bella y triste, y que teniendo a la filosofía como excusa, me enseñó el camino de mirar y dudar … pero entonces no entendí, (demasiado joven y esa falta de coraje propia del alumno  aplicado y el buen hijo),  y entiendo ahora: 

Lo que nos hace auténticamente humanos, dignos, reales, extraordinarios, es esta lucha constante y desigual por superar cada día las tremendas limitaciones que nos imponemos y que configuran la naturaleza de la que estamos hechos y  somos.

2 Respuestas a “Extraordinariamente Humanos: santos, científicos y escritores

  1. Te dejo por aquí una entrevista a Punset que me ha hecho pensar en el amor como fuerza, la vida, la muerte, porqué no la fe….y que además creo que se puede relacionar con tu entrada actual y la anterior de la saga de la evolución…

    ‘El amor nació hace millones de años de la fusión de bacterias’

    MADRID.- El amor es el sentimiento más antiguo del mundo. “Tiene 3.000 millones de años y surgió en el momento en el que una bacteria se preguntó si había alguien más ahí porque no podía sobrevivir sola”. El escritor Eduardo Punset, director del programa científico Redes en TVE, se sumerge en su último libro (Viaje al amor, de la editorial Destino) en la búsqueda de respuestas científicas para una emoción que tantas ilusiones y trastornos provoca al ser humano. Y da con la fórmula mágica: A=(a+i+x)k, o lo que es lo mismo: el amor es la suma del apego personal, la inversión parental o familiar y la sexualidad, y todo ello afectado por el entorno.
    En definitiva, encuentra un origen biológico en este sentimiento, entendido como una fusión de cuerpos “que genera la energía necesaria para vivir o que recupera tejidos dañados”. Ahora bien, si el amor es previo a la diferenciación sexual ¿cómo y por qué surgieron los dos sexos?
    En términos evolutivos esa diferencia apareció hace 700 millones de años para garantizar la diversidad genética y así poder adaptarse más fácilmente a un entorno cambiante. El precio fue elevadísimo. En la reproducción por subdivisión celular, la vida es eterna, pero cuando de dos cuerpos sale otro joven irrepetible y distinto, aparece la muerte”.
    Hoy, esa diferenciación por géneros es evidente en nuestro cerebro; por ejemplo, en que el espacio neuronal que un hombre tiene dedicado al sexo es 2,5 veces mayor que en una mujer; o en que para que ella tenga un orgasmo su cabeza debe estar libre de preocupaciones, algo no tan importante en ellos.
    “Ahora, bien”, insiste Punset, “la esencia del amor, la fusión, no cambió con estos matices, sigue igual que hace 3.000 millones de años”. Eso no quiere decir que la pasión entre amebas y entre seres humanos sea idéntica y en eso, recuerda el autor, tiene mucho que ver la aparición de la conciencia y la imaginación. “Es esa conciencia la que nos permite interferir y decidir no tener hijos aunque amemos. Y aún así lo importante es el instinto de fusión, la inversión material y espiritual para que perviva (es decir, los compromisos de la pareja) y la negociación de la libertad de cada uno”.
    En la elección de la pareja el aspecto, la simetría de las facciones, reflejo del metabolismo y los genes, es importante. Son signos de salud que ya nuestros antepasados seleccionaban para tener una buena prole. De igual modo, la monogamia apareció por el interés de ambos padres en que las crías salieran adelante. “Evolutivamente tiene explicación. La indefensión de los hijos se alargaba de cinco a siete años y ese era el tiempo que debía durar el amor para que pudieran sobrevivir. Además, hay más posibilidades de fecundar un óvulo en una relación larga que si se disemina el esperma por el planeta”, mantiene el escritor.
    “En nuestros tiempos, esa dedicación parental es mucho más larga, hay más compromisos y los ciclos del amor se alargan. También entran en juego otros factores al margen de la salud y tendemos a enamorarnos de personas cercanas, con valores comunes y con sentido del humor. Luego, con el paso del tiempo, a nivel biológico no ocurren grandes cambios. Si acaso son mayores en la mujer debido a las hormonas”, añade Punset.
    Y es que esas sustancias tienen un papel importante en el amor: se genera más oxitocina, varían los niveles de testosterona en hombres y mujeres, se dispara la dopamina y la serotonina baja ante la ansiedad de ver al ser amado. Este proceso es igual ya se trate de un amor fraguado en el tiempo o de un flechazo. “Es amor químico y hay experimentos con animales que muestran que ahí actúan las feromonas. En los homínidos el órgano que las detecta desapareció, pero aún hay feromonas en las mujeres. El flechazo se inicia también cuando se visualiza algo que es inédito en la memoria”.
    Y es que Punset insiste en que la felicidad aumenta con la edad porque tenemos más recuerdos y éstos se comparan con cada estímulo exterior, generando esa sensación de felicidad. De hecho, asegura en su libro que “sin memoria no hay amor”. No hay con qué compararlo.
    Pero ¿acaso hay diferencia entre el amor y el enamoramiento? “A nivel biológico no. Es igual el amor a la madre y a la pareja. Se mueven los mismos circuitos neuronales y hormonales. También es difícil diferenciar amor y deseo, aunque hay gente que sí lo hace”. Punset considera una gran novedad el descubrimiento del mecanismo del desamor, que surge cuando el sentimiento no ha podido resistir la ausencia del otro: “Se ha comprobado que el desamparo del bebé en la cuna es idéntico al del enamorado abandonado. Y tienen las mismas armas: ninguna. El neurólogo Damasio dice que lo mejor es volver a enamorarse. Pero no es fácil. Si en la niñez uno sufrió desapego afectivo, si su curiosidad y autoestima fue escasa en la escuela, ello condicionará su búsqueda del amor al ser adulto”.
    Esa capacidad de amar individual se está evaluando ahora con cuestionarios como el que Punset incluye en su libro. “Con estas encuestas hemos visto, por ejemplo, que la antítesis del amor es el desprecio”, señala. ¿Y de qué depende? “Lo único que sabemos es que hay un gen de la depresión, que puede manifestarse o no en función del entorno. Eso se puede aplicar a la capacidad de amar. Puede haber un factor genético que se manifieste o no según el entorno”, argumenta Punset.

    Un cordial saludo.
    jose luis

  2. Gracias. Muy interesante!!
    y me alegra verte de nuevo por aquí.

    Un saludo,

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