Darwinismo Económico (VI)- Descubrir y dudar

hmsbeagle.jpgEl Beagle zarpó de Playmouth el 27 de Diciembre de 1.831.

Los primeros días de la travesía del Beagle debieron de resultarle al joven Darwin de lo más penosos. Tras sortear varias tormentas en el Canal de la Mancha y ser testigo de los castigos a los marineros por haber llegado borrachos del permiso de Navidad, Darwin escribía en su diario: “La miseria es excesiva y supera con mucho lo que se imaginaría una persona que nunca hubiera estado en el mar más que unos pocos días. […] A menudo dije antes de zarpar que sin duda, me iba a arrepentir muchas veces de haberme comprometido con esta empresa, pero no sabía hasta qué punto”.

De hecho, el viaje obedecía a una secuencia de hechos fortuitos que combinados le habían conducido a enrolarse en el Beagle, un pequeño bergantín de exploración de la Marina Británica, que tenía como principal misión explorar y cartografiar las costas de Sudamérica, y tal vez del Pacífico Sur, por un período de dos años.

Darwin había entrado a estudiar en Cambridge por mandato de su padre, con la finalidad de convertirse en ministro de la iglesia anglicana. En aquel tiempo, Cambridge y Oxford competían en el análisis del registro fósil y de la historia natural. William Buckland, clérigo poco convencional y un cristiano racionalista, fue uno de los descubridores de los primeros restos fósiles de dinosaurios , y se convirtió en 1.818, en el primer profesor adjunto de geología de Oxford. Ese mismo año, la Universidad de Cambridge nombró a Adam Sedgwick catedrático de Geología.

180px-charles_lyell.jpgUn estudiante de Oxford que había asistido a las clases de Buckland, decidió abandonar su brillante carrera como abogado para dedicarse por entero a la geología. Era Charles Lyell, que optó por la defensa de la teoría del “vulcanismo estacionario”, enunciada por James Hutton a finales del siglo XVIII. De acuerdo con esta teoría, la evolución geológica no tendría una dirección determinada, como proponían Cuvier y Lamarck, sino que consistiría e un proceso cíclico en el que el magma incandescente ascendería en grandes cantidades a la corteza terrestre, donde se enfriaría y erosionaría dando lugar a terrenos habitables. La acumulación de estas tierras en la corteza ayudaría a que las capas inferiores cayesen hacia el núcleo dónde volverían a fundirse. La presión resultante provocaría la ascensión del magma hacia la superficie para cambiar y formar nuevos terrenos habitables.

180px-lyell_principles_frontispiece.jpgLyell utilizó su destreza dialéctica para defender estas teorías en una serie de tres volúmenes de su “Principios de Geología” que publicó entre 1830 y 1833, y que afirmaban la existencia divina y proponían una alternativa científica al catastrofismo de Cuvier.

84-261-3536-6img1.jpgEl Beagle había zarpado dos años antes para realizar su misión, pero su capitán sólo en el mando, había decidido suicidarse una vez perdido en el laberinto de Tierra de Fuego. FitzRoy, un joven que no cumplía los 25 años, fue nombrado su nuevo capitán. Se ocupó del viaje de regreso del Beagle a Inglaterra y de preparar la nueva expedición De naturaleza melancólica, pidió disponer de un caballero naturalista como acompañante, temiendo correr la misma suerte que su predecesor.

Darwin, era cinco años más joven que FitzRoy y acababa de terminar sus estudios en Cambridge. Había aprovechado el verano para acompañar al catedrático Sedgwick a una expedición de estudio geológico en Gales. A su vuelta, su profesor John Stevens Henslow que le había recomendado aplazar su ordenación como ministro, le había propuesto para el puesto de naturalista sin sueldo en el Beagle. Su padre se opuso inicialmente a este proyecto, pero accedió finalmente a sufragar los gastos de la aventura del joven Darwin.

Una cuarentena debida al cólera, impidió que la tripulación del Beagle desembarcase en las islas Canarias, por lo que el Beagle siguió navegando al sur hacia las islas tropicales de Cabo Verde.

Darwin se había educado bajo la influencia catastrofista de Cuvier imperante en Cambridge. El catedrático Sedgwick le había proporcionado una lista de libros para el viaje entre los que no se incluía el novedoso primer volumen de “Principios de Geología” de Lyell. Sin embargo el capitán FitzRoy había adquirido un ejemplar que prestó a Darwin, y que éste leía en el momento de atracar en la isla de Sao Tiago. Lo que vio allí, un archipiélago de islas volcánicas, le convirtió en un defensor de Lyell y le obligó a poner en duda todo lo que conocía hasta entonces.

Darwin escribió en su diario: “Ha sido para mí un día glorioso, como devolver la vista a un ciego.

Medio siglo más tarde escribía rememorando aquel día: “Se me ocurrió por primera vez que yo podría quizá escribir un libro sobe la geología de los distintos países que visitara y esto me hizo estremecerme de placer. Para mí aquel fue un instante memorable y ¡con cuánta claridad puedo recordar el bajo acantilado de lava al pie del cual descansaba yo, con un sol caliente que brillaba, unas pocas y extrañas plantas del desierto que crecían cerca de mí y corales vivos en las charcas que la marea había dejado a mis pies!

Una respuesta a “Darwinismo Económico (VI)- Descubrir y dudar

  1. “Se me ocurrió por primera vez que tu podrías quizás escribir un libro sobe la economía de los distintos países….”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s