La tercera cultura o la cultura de recorrer caminos nuevos

El profesor del Instituto de Empresa Juan Carlos Martínez Lázaro, comentaba en una de sus últimas entradas las conclusiones de un seminario organizado por BlogEuropa.eu  en el que se había realizado un análisis detallado “sobre lo que le pasa a la vieja Europa: el elevado peso del estado del bienestar lastra unas economías cada vez más envejecidas y en las que se trabaja menos que en otras zonas del planeta; sobre las reformas que se deberían aplicar (flexibilización del mercado de trabajo, mayor liberalización de los mercados y reducción de los gastos administrativos del estado del bienestar); y sobre las razones por las que es tan difícil ponerlas en marcha (resistencia a perder las conquistas sociales adquiridas por parte de los ciudadanos y a ceder más soberanía por parte de los gobiernos nacionales)“. 

Sin duda el análisis es perfecto y seguro que se presentaron datos concluyentes al respecto. Pero mi primer “sentimiento” , (los sentimientos no entienden de justicia), fue que para llegar a las mismas conclusiones una y otra vez no eran necesarios foros llenos de técnicos y grandes expertos. Mi segundo sentimiento fue pensar que la economía, lo mismo que la cultura y el conocimiento de nuestro tiempo, parecen discurrir una y otra vez por lo mismos caminos ya transitados para volver a regresar siempre a los mismos puntos de partida.

john_brockman.jpgJohn Brockman es un editor literario, controvertido e innovador, fundador de la Fundación EDGE y editor del portal EDGE.org, un foro de discusión y difusión de los últimos avances científicos. Es también uno de los grandes defensores e impulsores del concepto “La Tercera Cultura” que explica con detalle en un editorial. “La tercera cultura consiste en aquellos científicos y pensadores del mundo empírico, que a través de su trabajo y escritos, están ocupando el lugar los ‘intelectuales’ en el camino de mostrarnos los significados profundos de nuestras vidas, redefiniendo quiénes y qué somos.”

En 1959 Charles Percy Snow publicó “The two cultures and the scientific revolution“. En el libro explicaba la existencia de dos culturas paralelas: la de los intelectuales literarios y la de los científicos. Explicaba cómo en 1930 la cultura literaria se apropió falsamente del título de “intelectuales”. Parte del mérito en que fuese así surgía de la incapacidad de los científicos para transmitir a la sociedad la trascendencia e impacto de su trabajo. En una versión revisada, Snow proponía que surgiría una “tercera cultura” en el espacio que dejaban las humanidades y las ciencias.

the-third-culture.jpgJohn Brokman utiliza el mismo término para deducir que son los científicos quienes están cubriendo ese espacio vacío y se están comunicando directamente con el público final.

Stewart Brand escibre que “la ciencia es lo único nuevo y la única noticia” (del inglés news). Cuando repasas un periódico o una revista, todo el interés humano es el mismo y viejo “él dijo – ella dijo”, los mismos dramas cíclicos en la política y la economía, las modas como una ilusión patética de novedad, e incluso la tecnología es predecible si conoces la ciencia. La naturaleza humana no cambia mucho, la ciencia lo hace, y este nuevo cambio se suma, alterando el mundo de forma irreversible”. Vivimos en un mundo en el que el principal cambio es precisamente la velocidad del cambio.

Los temas científicos más relevantes en los últimos años son la biología molecular, la inteligencia artificial, la teoría del caos, procesamiento paralelo, redes neuronales, la inflación cósmica, fractales, Sistemas adaptativos complejos, Supercuerdas, Biodiversidad, Nanotecnología, el Genoma humano, sistemas expertos, Punctuated Equilibrium, autómata celular, lógica difusa, bioesferas espaciales, la hipótesis de Gaia, realidad virtual, el ciberespacio y los sistemas con capacidades de proceso de teraflops. No hay un canon ni una lista de ideas aceptables. La fortaleza de la tercera cultura es precisamente que tolera los desacuerdos sobre qué ideas hay tomarse más en serio. A diferencia de las anteriores ocupaciones de los intelectuales, los logros de la tercera cultura no se basan en discusiones marginales de una elite belicosa: afectarán a las vidas de todos los que habitamos el planeta.

El papel de los intelectuales incluye la comunicación. Los intelectuales no son únicamente gente que tiene conocimiento sino gente con la capacidad de transformar las ideas de su generación. Un intelectual posee una gran capacidad de síntesis, es un publicista y un comunicador.

América (Estados Unidos) es actualmente la fuente de conocimiento para Europa y Asia.[…] El auge de la tercera cultura nos presenta nuevos modos de discurso intelectual y reafirma la preeminencia de América en el ámbito de las ideas importantes. A lo largo de la historia, la vida intelectual ha sido definida por el hecho que sólo un pequeño número de personas han realizado el pensamiento serio para el resto. Estamos siendo testigos del relevo de un grupo de pensadores, los intelectuales literarios, a un nuevo grupo, los intelectuales que emergen de la tercera cultura.

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