En los últimos años, han sido comunes los procesos de fusión y compra de grandes gigantes en diferentes sectores. Así, hemos conocido fusiones como la de HP -Compaq, la compra de la división de servicios de PricewaterhouseCoopers por parte de IBM, o las fusiones de grandes grupos bancarios como la que ha dado lugar al BSCH.
Sin embargo, hoy no quería comentar la última oferta de compra de Yahoo por parte de Microsoft, ni hablar de las posibles fusiones que se ciernen en el sector eléctrico, ni pretendo explicar los problemas de gestión e integración que pueden producirse en todo proceso de compra o adquisición.
Sólo quería utilizar un hecho que suele ser habitual en todos estos procesos. Cuando dos organizaciones con diferentes rentabilidades y niveles salariales se unen, lo habitual es que inicialmente se obtenga la suma de los ingresos de ambas partes, que se genere una rentabilidad intermedia que se incrementará con el tiempo gracias a las sinergias y economías de escala, y que los costes salariales de los empleados que no pertenecen a la dirección se igualen. Sólo que en este último caso la igualación suele producirse hacia la parte de abajo.
Esto supone una oportunidad para los empleados de la compañía con salarios más bajos de poder mejorarlos ligeramente, y un acicate para los empleados con mayores salarios para mantener los suyos.
Quería utilizar este caso para hacer una analogía muy sencilla con otro concepto que ha dado tanto que hablar y que llamamos Globalización. Y que en el fondo no es otra cosa que una gigantesca y progresiva fusión de mercados y consumidores, con diferentes niveles de desarrollo y de poder adquisitivo, y con diferentes costes salariales.
Los ingresos crecerán, la rentabilidad a medio y largo plazo mejorará y los costes salariales se igualarán, aunque todo parece que tenderán a igualarse por la parte baja. La deslocalización de empresas y la inmigración serían las formas visibles de estos mecanismos de compensación.