De vuelta al día a día, dejando atrás las cenas familiares, los cafés con los amigos y las emociones de los padres que se convierten por fin en abuelos. Y de nuevo, viajar para reencontrarse con la carretera y las caravanas. Las tertulias de radio que expresan opiniones y editoriales como si fuesen análisis económicos o políticos. La paciencia de muchos y la frustración de otros pocos por querer llegar antes a la misma ciudad.
Y es que tal vez esta sea la metáfora de nuestro tiempo: correr permanentemente para llegar siempre al mismo lugar.
Y de nuevo esa vieja sensación de encontrarse con la mediocridad: los eslóganes vacíos, los programas electorales y las leyes de última hora diseñadas en función de índices de popularidad e intención de voto. Y otra vez los análisis económicos nada imaginativos que hablan demasiado de aspectos coyunturales y de inflación y poco de los modelos de crecimiento, de la innovación real, de la cesta de la compra, del incremento de los impuestos y del control salarial.
Me he cruzado también con la experiencia negativa de José Luís con Papá Noel, “Reclamando a Papá Noel“, que vuelve a recordarnos que las organizaciones siguen siendo estructuras orientadas principalmente al control, poco motivadoras para quienes las padecen dentro y fuera, y con poca o ninguna flexibilidad u orientación hacia las personas. Y nos habla también de cómo, en cuanto se habla de crisis, las empresas parecen obsesionadas en concentrarse en la contención de sus costes sin entender que la calidad del servicio es realmente la inversión para generar los ingresos y el margen futuros, y que no pueden sustituirse únicamente con campañas y promociones.
… y sin embargo, mientras continuemos hablando de nuestras aspiraciones y deseos más profundos, seguramente exista esperanza. Así, que sinceramente, feliz 2.008 a todos vosotros.
Un abrazo, y bienvenidos de nuevo.